CASA orbita

Casa Órbita nace a partir de un pedido muy claro de los clientes: contar con un patio interior que conecte los tres niveles de la vivienda. Desde esta premisa, surge la idea de que dicho patio funcione como núcleo organizador del proyecto. Todos los ambientes giran en torno a este vacío central, permitiendo que desde cada espacio se lo pueda visualizar y experimentar.

El patio no sólo articula los recorridos verticales, sino que también introduce luz natural en el corazón de la casa, acompañando el desplazamiento hacia las habitaciones y generando una sensación de calidez interior. A su vez, funciona como vínculo con el exterior, pero resguardando la privacidad familiar, uno de los principales requerimientos de quienes habitan la casa.

El acceso peatonal a la vivienda no se presenta de manera explícita ni frontal, sino que se oculta parcialmente tras el volumen macizo de ladrillo visto en planta baja. Esta decisión busca generar una transición gradual reforzando la noción de privacidad progresiva que recorre todo el proyecto.

Esta secuencia acompaña al usuario hacia un punto de ingreso más íntimo, casi protegido bajo el voladizo del volumen superior. La cubierta en voladizo actúa como alero contemporáneo, brindando cobijo y sombra, mientras que el muro de ladrillo actúa como plano de contención y abrigo.

El ingreso, al no estar completamente expuesto, invita a una lectura más pausada de la fachada, y propone un momento de espera o contemplación antes de atravesar el umbral. Este recurso refuerza la idea de que el habitar no comienza en el interior, sino en el trayecto que lleva hacia él.

Materialidad
La vivienda se materializa principalmente en una combinación de ladrillo visto y hormigón armado, estableciendo un diálogo entre lo sólido y lo etéreo.

En planta baja, el ladrillo visto configura un basamento continuo y texturado, que aporta calidez visual, robustez y una escala más humana al encuentro con el terreno. Este nivel, aunque formalmente macizo, adquiere una lectura liviana gracias al diseño en voladizo del bloque superior, que genera un espacio semicubierto de acceso y cocheras. La disposición del ladrillo enfatiza el carácter cerrado y protector de esta planta, respondiendo a las funciones más privadas y de apoyo del programa.

Sobre este basamento se apoya el volumen principal de hormigón, que contiene los espacios habitables más importantes. Este volumen se presenta contundente y pesado, pero se aligera visualmente mediante grandes parasoles verticales de madera que funcionan como filtro lumínico y como gesto de privacidad. Las aberturas, de proporciones alargadas y controladas, se ocultan y revelan detrás de estos elementos, reforzando la idea de una fachada dinámica y modulada.

La relación entre llenos y vacíos, el juego de texturas materiales —rugosidad del hormigón, calidez del ladrillo y nobleza de la madera— y la incorporación de vegetación en voladizos y bordes, contribuyen a una imagen arquitectónica contemporánea que equilibra masividad y liviandad, privacidad y apertura y naturaleza.

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